miércoles, 2 de julio de 2008

Para cosechar hay que sembrar primero

Viene esta entrada a cuento de determinadas actitudes que he podido contemplar (y sufrir). Una de ellas es la de cierta gente que pretende tripular sus buques estrictamente sólo con capitanes. Puede que parezca algo sensato si no fuera por una serie de factores que lo desaconseja. Ya de entrada, y hasta hace mucho menos de un siglo, la formación de un capitán comenzaba ya desde agregado (Para quien no lo sepa, el agregado era y debería seguir siendo un aprendiz de oficial de cubierta. El que piense o afirme lo contrario, se está pasando y mucho de 'pijo'). Una vez terminado ese tiempo de aprendizaje, por lo general de dos años, se podía acceder ya a cierto nivel de formación, al final del cual se pasaba el examen que le cualificaría como Piloto de Segunda, es decir, ya podía actuar como tercer o segundo oficial de cubierta, incluso como primer oficial de cubierta si el mando del buque correspondía a un Piloto de Primera, aunque eso y para un recién salido de la escuela le vendría grande, excesivamente grande, con lo que el Piloto de Primera terminaría por encanecer prematuramente.

Actuar como primer oficial de cubierta no es ningún juego, de hecho en buques cuyo mando corresponde a Capitán, llegar a tal puesto supone una serie de años en compañías que prefieran evitar problemas, ya que es preferible conozca las limitaciones del buque poco a poco, y si ya ha estado de agregado en ese buque, mucho mejor. Lo cierto es que al cabo de un cierto tiempo, y mediante la acreditación de determinado tiempo de experiencia, este hombre obtendría el nombramiento de Piloto de Primera. Cosa que sobre el papel puede parecer muy bien, pero en la práctica, y si tenemos en cuenta que eso supone o bien poder llegar a ser primer oficial de cubierta (que entre otras cosas es el segundo en el mando del buque y el relevo del Capitán en caso de quedar incapacitado físicamente) o asumir mando de buque conforme al tonelaje establecido. Ya tenemos el primer problema, pues en ese trámite no se acompaña de informes de aptitud o prueba que pueda acreditar tal aptitud. Eso sin tener en cuenta lo que haya podido comprobar personalmente, casos algunos realmente deplorables. Claro que en esos tiempos esos extremos eran impensables. En tal época, si bien las condiciones laborales no eran ni mucho menos envidiables, se tenía mucho, muchísimo cuidado con los temas de promoción.
Una vez acumulado cierto tiempo de experiencia, nuestro hombre podía examinarse de Capitán. En aquellos tiempos esto no significaba mando automáticamente, sino la posibilidad de comenzar una última fase de aprendizaje dentro de la empresa en la que había desarrollado toda su vida profesional, la que contenía los intríngulis de la compañía y su flota.
Claro que eso era antes. Hoy en día todo está orientado a la documentación. Parece que la experiencia en un buque en concreto ya no cuente. La continuidad en las empresas ya no existe. Pero eso sí, se permiten exigir la titulación de Capitán (sea auténtica o amañada) sin ofrecer continuidad u otras condiciones que hagan atractiva la profesión. Y así nos luce el pelo, de modo que la cosa sólo beneficia a las agencias de noticias, cuando los dados caen de aquella manera.

Recuerdo que cuando empezaba como piloto, un Capitán e inmejorable profesional me dijo: Hay tres formas de explotación comercial del buque: La naviera, que es algo señorial y donde se guardan mucho las distancias. Después, la compañía, que el ambiente es familiar. Y ya al final, pero al final del todo, esto: la empresa. Imagino que el lector se hará una idea de la atmósfera que allí se respiraba.

Y todo esto para señalar la inutilidad del esfuerzo para obtener el título de Capitán, porque todo lo demás son apuestas vacías. Claro es que no desespero que cambie la situación, pero algo me dice que no será hasta que no ocurra un siniestro de los que dan material para los periódicos durante un mes.

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